Esteban jura que nunca pensó tanto en Milena como antes de ayer (2 d e octubre), que no puede ser que haya gastado... no, no es gastar..., que haya invertido tanto tiempo mirando la pared y dibujando la silueta de esta chica. Sonreía solo y sin pensar en nada mas que en que le diría si estuviese ahí, y lo decía en voz alta, y el mismo se respondía, inventaba la respuesta que quería. Es su pared, su imaginación y su espacio, podía poner las palabras que el quería escuchar en la boca de Milena.
Pero no podía sentir lo que en verdad quería sentir.
No podía tocar lo que en verdad quería tocar.
No se podía acercar y oler el cuello que quería oler.
No podía abrazar, no podía acariciar, no podía besar.
No la podía, completamente, amar.
No podía mas.

y todo con un sombrero de bombín
fer.
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