Se encontraron en los columpios de ese parque donde acordaron, pero habían unos ninhos jugando en ellos a pesar que ya era de noche, así que decidieron caminar, aun que después de siete cuadras caminando y hablando poco y tonterías, se dieron cuenta que no era un buen día para verse… y se dijeron hasta otro día y cada uno siguió su camino…
Camino a casa, Ella…
Por su mente paso lo que pasa por la mente de una bailarina de ballet, una bailarina de ballet de esas que bailan en una cajita sobre un espejo, la conoces?.. digo, a la bailarina.
Justo en el momento que se pone las ajustadas zapatillas de punta chata, que es justo dos segundos después del momento que el por venir le grita “de prisa, que vienen a abrir la cajita” y que es justo un instante después que una linda ninha se dirige a la cajita para verla bailar… a la bailarina claro.
Si no la conoces, a la bailarina, es difícil que se sepa que pasa por su mente de Ella ahora.
Mientras tanto, en la mente de El pasaban casi cuatro minutos cuadro por cuadro como dibujados, casi esos cuatro minutos que dura la canción que estuvo escuchando todo el día y cuando la vio a Ella, se la canto. Pensando y dibujando cada cuadro de la canción, esta canción que tiene cuatro etapas, cuando se escapan, cuando llegan a la playa, cuando se desilusionan, y … y bueno si conoces la canción de la que hablo, ya sabes cual es la otra parte. Piensa en escaparte, llegar y ver el mar que nunca viste y decepcionarte por que no era como creías y después, después imagina la ultima parte de la canción.
Si no la conoces, la canción, es difícil que sepas lo que pasa por la mente de El ahora.
Si, mejor fue decirse hasta otro día.