Ya te quedabas a dormir en mi piso hace unas semanas, y ya estabas acostumbrada a mi muy tarde acostar, tanto como yo a tu tan temprano despertar.
Eran fines del otoño, mi momento preferido del año, a esa hora en la que se encuentra mi sueño con tu despertar sopla fuerte el viento. En el ático de un cuarto piso de una plaza con árboles se siente mas, y las hojas amarillas y secas llegan a caer en nuestra terraza (porque ya puedo decir que era nuestra) y la misma fuerza del viento las hace bailar, en otoño.
Cuando ya mis ojos eran vencidos y entonces dejaba el lápiz y alguna hoja a medio escribir, como esta, me tumbaba en la cama a tu lado, siempre al lado derecho, o al pedazo del lado derecho que dejabas libre, siempre mirando a ese lado, a mi lado de la cama.
Yo acostumbrado a recostarme en ese lado sin taparme para lo ultimo en hacer antes de dormir, darte un beso largo en el hombro, o mejor dicho, para ser exacto, entre el cuello y el hombro, y tu ya acostumbrada a entreabrir los ojos en ese momento y usar ese beso como despertador, o como un pre despertador, ya que el de cuerda sonaría en unos cinco o diez minutos para decirte que pronto tendrás que ponerte de pie. Pero así te despertabas suavemente y esos minutos son tiempo que necesito yo para ya quedarme dormido.
Te levantabas, y antes de ir a la ducha, hacías dos cosas, la primera pasar café, y la segunda abrir un poco esa ventana grande de madera, solo un poco, lo suficiente para que entre el aire frió de esa hora y para que yo mismo me tapase, porque sabes que no me gusta dormir tapado y esa era la única forma. O para que el olor a café escape y sea muy suave, pero encantador entre mi sueño.
Con la ventana así también hay cosas agradables que podía distinguir en mi sueño frió y ligero mientras estabas en la ducha, como el ruido de las hojas arrastradas por el viento en la terraza, o el olor a pan recién horneado de la panadería que aun tenemos al lado de nuestro portal, olor a pan y café formaban mi entresueño perfecto. Pero lo mejor es cuando salías de la ducha, sin hacer ruido para no despertarme cerrabas la ventana, te servias una taza de ese café recién hecho (tal vez primero servias la taza de café y después cerrabas la ventana, no es importante) y te sentabas en la cama, al lado izquierdo, o al pedazo del lado izquierdo que ahora yo dejaba libre. Tu sentada en la cama, entre la ventana y yo, ya con el cielo azul oscuro y ligeramente visible, una de esas veces abrí un poco los ojos, no se si por que te sentaste en la cama, por el olor a café mas cercano o por que no sentí mas frió, como dije antes, mi sueño es ligero, pero me acuerdo perfectamente de tu silueta a contraluz centrada en la ventana, de tu primer sorbo de café del día y de cómo inclinaste a un lado la cabeza dejando caer el pelo para secarlo frotando la toalla.
Luego me diste un beso en el hombro, o mejor dicho, para ser exacto, entre el cuello y el hombro. Después de esto no puedo recordar mas.
Es curioso, ahora que ya no madrugas, hemos tenido que olvidar cerrar la ventana para que te pares a cerrarla y yo verte a contraluz para recordar ese momento, con la primera luz del día, las hojas arrastradas y el olor a pan horneado…
(y después de dos años, quien lo diría?)