Decidí encargarme de ese deber y me puse así a descansar, me quite la mochila y el chullo, los puse a mi lado en la banquita y saque mi cuadernito de notas (o eso que digo yo que es mi cuadernito de notas) para hacer garabatos sin pensar en una figura especifica o escribir frases sueltas que he escuchado. En verdad no tenia ganas de pensar ni imaginarme cosas de mas, así que por eso quise escribir cosas que ya están escritas y me gusta recordar o hacer garabatos y no dibujar.
El clima normal, bueno, en verdad no porque que es normal para Lima “la gris” estos días en los que si quiere sale sol y después garúa … el clima indiferente, con el no es la cosa en este momento que si me quito la chompa me da frió y si tuviera casaca me daría calor, me puse el chullo otra vez por que se me comenzaron a enfriar las orejas. Eso si, las nubes oscuras, ni un rayo de luz que quiera curiosear que hay debajo de ese colchón.
A lo que iba, o mejor dicho, a lo que me senté … a nada en especial, solo a darle uso a esas bancas que alguien las puso ahí para lo que yo estaba haciendo, sentarme.
Aproveche que ya estaba dándoles uso (con mi cuadernito en mano) para ver a la gente que no hace lo que yo hago y pasa y pasa y pasa por esta vereda que atraviesa el parque por la mitad y tiene árboles alrededor.
(en cinco minutos)…
Una señora con su hijo de unos siete años que llevaba su lónchela en al mano y la mama la mochila, que hablaban (lo que llegue a escuchar en esos diez segundos de conversación que pasaron frente a mi (cinco que vienen, cinco que se van)) que la profesora les pidió para la próxima semana pinceles y tela para pintar algo para el día del padre y… no escuche mas, pasaron.
Dos chicos y una chica que parecían que se regresaban a trabajar después de haber almorzado, en lo que escuche ella decía que no, que como iba a llamar a Diego después de lo que paso el martes, y uno de los chicos se reía y el otro decía “pero es que….” Y no escuche mas por que seguían caminando.
Un “skater” con audífonos (no me importo).
Paso una chica, bien simpática la verdad, de todas maneras se iba o venia de estudiar, yo creo que regresaba. Unos veintitrés años si es que no tenia veintidós y medio o veinticuatro y dos meses para exagerar, castaña, con falda larga (marrón) de esas que me encantan y algo parecido a una casaca con chalina … desde que la vi venir pensaba: “maldición, viene sola, no podré saber como es su voz ni que pasa por su vida, ni siquiera diez segundos de su vida” y pensé en preguntarle la hora, en decirle hola, en cualquier pararme y hacerme el desmayado justo cuando pasaba o simplemente decirle que me acompañe… pero paso y para que, me miro, la mire, se me escapo una sonrisa tímida como me caracteriza cuando me arrocho, ella hizo un gesto también como sonrisa, y paso… en este momento se vino una de mi frases favoritas de la extensa literatura que conozco.. “que cobarde… no me hablo”, Felipe, de Mafalda.
Paso el vigilante del parque con la bicicleta al lado, la llevaba al otro lado del parque donde recién note que había una caseta, también lo mire y me dijo “joven” y yo le respondí “buenas, que tal”… y lo que se me vino a la mente fue.. “y por que a la chica no el dije hola”?
Y bueno pasaron como seis personas mas, otra señora, dos empleadas que hablaban de alguien, un señor mayor que tan bien me miro y acento la cabeza como saludando y lo salude, me da gusto ver esos abuelitos que caminan lento y te das cuenta que han salido a pasear por que no tienen mas que hacer que disfrutar lo que tienen a la mano, volvió a pasar el vigilante peor sin la bicicleta.

Todo esto fue en cinco minutos, imagina cuanta gente paso en los veinte que estuve sentado ahí.
En veinte minutos regrese a mi infancia donde le hice un regalo a mi papa por el día del padre, me convertí en el confesor de una amiga que me cuenta sus problemas por un Diego que no la llama, no me convertí en un skater por que me da igual, conocí a una chica preciosa con la que hice una amistad bien fuerte y en un viaje que decidimos hacer juntos decidimos ser mas que amigos y con el paso de los años vivimos juntos, me convertí en un “centinela” a quien toda la gente que vive en un parque me confía el deber de protegerlos, y en una persona adulta que sale a pasear por un parque por que me aburrió la televisión y se que aun que camine lentito, tengo fuerza para salir a la calle a pasear…
Tengo suerte de a veces tener pereza de pensar y ponerme a escribir si se que puedo vivir al vida de otros… o algo que se les parezca.
Todo esto en veinte minutos, mañana no pero la próxima semana volveré a este parque.
efe.
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